Mailo, te fuiste al cielo

Tan solo se veía tratando de sobrevivir entre las empolvadas calles de una vereda, siempre fiel a su descuidado dueño. Aquel día lo vi caminando en tres patas, se le contaban las costillas y su aire de desaliento me hizo recogerlo.

Después de reclamar por su estado al desconsiderado dueño, con su consentimiento me lo llevé, apenas el animalito ni sabía que estaba ocurriendo, Mailo como me dijo que se llamaba aquel horrendo chófer, el mismo que le tiraba concentrado en el piso y aludía no tener dinero ni para él y menos entonces para el perro.  Mailo, necesitaba ayuda urgentemente. Salimos de allí con una esperanza, la de el quizás el no volver al sitio de su tormento y por mi parte darle lo posible para que se mejorará.

Comió al principio y el primer diagnóstico fue alentador, solo habría que nutrirlo con paciencia, amor y dedicación; el primer día tuvo baño y una camita caliente, comida y el pase directo para dormir en la habitación.

Al día siguiente empezó a preocuparme, ya que no comía por estar pendiente del gato el cual ya había atacado, con la determinación de un lobo con su presa. Lo poco que comía el estómago se lo rechazaba, así paso dos días en los que no probaba bocado completo, al ver su decadencia y con las arcas del hogar limitadas, anuncie su situación buscándole almas caritativas que le quisieran ayudar.

Así fue, una luz brillo ante el anuncio y quedó todo acordado para el siguiente día. Ya de mal en peor su cuerpo se consumía, solo quería estar en los brazos de su cuidadora, ella misma lo llevo al encuentro con su madrina, la cual lloro al verlo como esqueleto viviente.

Al fin con el doctor, quien reviso de nuevo, para dar esta vez, un diagnóstico no tan alentador; su vida pendía de un hilo, por el descuido de un despiadado ser humano. Sufría, apenas si respiraba era mucho y como el ocaso, la luz de sus ojitos se iba apagando. Los valores de su posible salvación eran elevados, y eso no le garantiza una curación completa; tras meditar ya los tres, su madrina, su cuidadora y su rescatista; con la eucaristía papal al fondo, se decidio darle una muerte digna. Decisión enmarcada de lágrimas por la impotencia de no poder hacer más, por la rabia hacia la inconsciencia humana, está que es despiadada con las criaturas menores y la tortuosa despedida.

Tras darle sus últimos afectos, lo dejamos a la merced de los expertos. Tras suspirar y mirar a su cuidadora que estaba en frente, se le rasuro su patica, se le aplicó el tranquilizante y en un lapso que parecía eterno; la jeringa llena del líquido asesino, fue introducida en su torrente sanguíneo de manera sigilosa y sin que él la sintiera, sus palpitos fueron menguando, pero su mirada seguía fija, quizás pensando…que vida tan dura, la que me tocó, no entiendo porque me descuidaron, yo era fiel a mi amo. Tan solo quería no tener hambre ni sed, un poco de calor y nada más; era tanto pedir?…pero ahora estoy con  ellos, estos humanos que me acompañan, me dieron un poco de eso que pedía, pero me dolía todo, me ganaba el desaliento…tengo sueño, ya no me duele nada, que linda luz…

Christian Castiblanco Baquero, 2017

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