Poetas del pecado.

Es bien sabido de que en ciertas épocas de la historia, era indebido usar cierto lenguaje y mas aun comportarse de cierta manera, pero encontramos que siempre personas que van contra la corriente, rompen con lo establecido en fin marcan la diferencia. Son tildados de rebeldes, desadaptados; hijos del pecado. Aquí empezamos con uno que no es tan conocido pero que en sus letras nos dejo claro la posición de su pensamiento, el indicio de sus actos, fuera de la norma, lo hacen un poeta magistral, digno de ser admirado.

303-1 foso

Alberto Ángel Montoya fue un excéntrico poeta colombiano, nacido el 29 de marzo de 1902 y fallecido el 20 de noviembre de 1970. Descendiente de una familia adinerada, llevó una vida de lujos y vicios, brillo que acabaría por enceguecerlo literalmente. Además del vino y la galantería, fue un apasionado de los deportes, siendo su favorito el polo. Su aparente amor por los caballos se pone en duda al analizar una anécdota en la que el escritor retrata a su equino más preciado, para luego asesinarlo y forrar con su piel el sillón en que quedaría postrado una vez perdiera la vista. Pasó las últimas décadas de su vida aislado, avergonzado de su apariencia.
Este poeta galán ha siempre reflejado la amargura de la soledad en sus versos, y esto se acentuó con su ceguera. Su maestría para describir los sentimientos quedó plasmada en «La voz apenas«, dedicado a su esposa, a quien conoció por teléfono. En la antología «Lección de Poesía», reunió cuatro de sus libros como regalo para su hijo, a quien le recordó con ironía la importancia del don del habla y la escritura correctas. De su producción narrativa, destaca la obra «El Hombre que se adelantó a sus Fantasmas y otras prosas».

Reseña tomada de : https://www.poemas-del-alma.com/alberto-angel-montoya.htm

Y es en sus poetas en donde los aires del pecado se manifiestan, sus palabras adornadas de figuras matizan a las formas de la mujer y el acto de extasis, como en el siguiente poema:

Con una ambigüedad de ave y de fiera,
leopardesa y paloma en tu destino,
al selvático ardor juntas un fino
tacto de arrullo en virginal espera.

Mas, ay, que tras la plácida quimera,
vuelven a ser por dualidad del sino,
garra la mano al ímpetu felino
y anca de leona la gentil cadera.

Con cuánta candidez de virgen muda
por la sorpresa, en tu callar se advierte
frágil pudor que la inocencia escuda,

sabiendo que otra vez, lúbrica y fuerte,
volverás a gemir toda desnuda
aún en los brazos del Ángel de la muerte.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s