Imaginarios ignorados: Los ñeros anónimos y el artista marginado de la calle.

Si las nuevas generaciones desarraigadas se refieren al aislamiento, al deseo de soledad y al miedo al otro, resultará imposible la existencia de la ciudad, al menos en los términos en que la conocemos. La ciudad será insostenible como tal. Arte y ciudad – aun recorren y recorrerán – juntos un camino que les es común… leía aquella mañana de mitad de la última semana de septiembre, un texto del arquitecto Juan Carlos Pergólis. Allí sentado en un banco de madera al frente de un jardín con innumerables plantas donde sobresalían los aromáticos romeros. Mi amena lectura fue interrumpida por el murmullo de unos jóvenes que se acercaban y la música que llevaban: Un día en el barrio de Canserbero.

  • Vacano su urban ar-te, parce.
  • No parce la inspiración, que me dio el plon  de hierba (risas).
  • Quedo bacana la hembrita en esa pared.

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El par de jóvenes venían de hacer algún graffiti, ¿habrían rayado la fachada de alguna casa? o en su trance seguían dándole identidad al parque en donde estoy. Este lugar que llamaron Las Tinguas, es un sitio público con no más de veinte años, su nombre se debe al ecosistema que predomina allí,e Humedal en donde vive La Tingua, una especie de pato escurridizo color negro o marrón. Leí un par de párrafos más y fui a saciar mi curiosidad, en efecto habían retocado un hermoso mural yo diría, con la cara de una virgen quizás.

Entonces empecé mi recorrido por el parque, viendo que aparte de ser atractivo por su ecosistema, lo era también por los jardines que los vecinos mantenían florecientes, las zonas verdes en donde los ciudadanos sacan a sus mascotas a pasear y en donde los fines de semana llegan con su familia a pasar un buen rato juntos. 

Todos los días de la semana jóvenes de distintas índole se reúnen a jugar – pues hay dos polideportivos y un colegio cerca – o se juntan para leer o tocar guitarra mientras fuman cigarrillo o marihuana.

Parejitas debajo de los árboles haciendo transferencia de fluidos, jóvenes y viejos trotando o haciendo ejercicio en las barras que hay en la mitad del parque.

Innumerables actividades oficiales y cotidianas se hacen allí, pero hay algo que le da una identidad anónima, el sentido que más adelante leí en el ensayo de Pérgolis, el pasar por: el desarraigo y la arbitrariedad de estos espacios efímeros en este pequeño viaje lleno de aventuras, aludiendo a Cavafis en su poema Ítaca.

Este recorrido me mostró la apropiación de este espacio de la ciudad de Facatativá por parte de los ñeros anónimos; como los llamare, – con el respeto que se merecen -.

Quizás nadie los ha visto pero a este parque lo caracterizan los innumerables graffitis que le rodean, los descubrí entrando por la calle de la iglesia San José Obrero, hasta el corredor final que da a la Carrera 16 del Barrio Santa Isabel.

Definitivamente un arte como me lo dijo alguna vez el muralista Funzano Julián David Bello (Artfenix): El graffiti es un medio de expresión artística donde miramos nuestro entorno y de ahí expresamos sentimientos e ideologías, para ser un llamado por medio de la ilustración. El graffiti es arte, es una galería urbana. Con ello se pretende impactar zonas olvidadas y por medio del graffiti se incentiva la vida, por medio del color se restaura lo deshecho, la motivación y la ilusión. Algunos artistas por medio de esta expresión pretenden ser escuchados. Lo anterior resume la intención de estos chicos que a pesar de representar para el ciudadano de a pie una amenaza tildándolos de vándalos, ellos directa o indirectamente le dan una apropiación a un espacio de la ciudad, ese hecho que muchos ignoran y los pocos que nos detenemos a verlo, descubrimos una voz del desarraigo y del nómada urbano: un imaginario ignorado.

No solo en estos lugares se ve la apropiación de los espacios por parte de los “Ñeros”  anónimos. Hace unos 8 años, la secretaria de cultura hizo una campaña en dos de los colegios oficiales más importantes del municipio. Por medio de un grupo de graffiteros que se llamaban los Manipuercos y con la financiación de esta entidad, grabaron en los muros externos de estas instituciones un símbolo a la apropiación de sentido urbano, unos imaginarios sociales.

“Como un mensaje o conjunto de mensajes filtrados por la marginalidad, el anonimato y la espontaneidad. Lo imaginario, siempre necesita de lo simbólico, de los códigos para su materialización”; así no lo indica el filósofo y semiólogo colombiano Armando Silva, en sus Imaginarios Urbanos. Con ello identificamos de nuevo una lectura de estos espacios, que conjugan cultura, concientización e identidad de las nuevas generaciones.

  • Esos mamarrachos tan horribles, deberían taparlos con pintura
  • Si amiga, de acuerdo mañana le voy a insinuar al rector.
  • Pero mamá, son bonitos solo hay que retocarlos.

Me cautivo esa conversación precisa, entre dos madres de familia y una estudiante que iban hacia el colegio Comercial Santa Rita, una de las instituciones emblemáticas del municipio. En mi recorrido hacia el Instituto Técnico Industrial ( mi alma mater), también hallé un sinnúmero de graffitis, que con la misma campaña del anterior colegio, se elaboraron para embellecer estos muros, que daban pesar porque literalmente estaban rayados con mensajes subliminales, groserías, amenazas y te amos.

El rector de esa época, más o menos en 2011 también acogió la iniciativa de la Secretaria de Cultura e hizo que reemplazaran la vulgaridad y vandalismo con graffitis y murales decentes que hoy en día están casi ignorados. A pesar de esto manifiestan una apropiación de sentido social y cultural, que identifican un espacio.

Seguí caminando hacia el centro de Facatativá después de inspeccionar los muros de mi alma mater, ¿ahora que puedo decir de otro lugar emblemático en donde se represente la apropiación por medio de la gente? Subí por la calle 3°, hasta llegar la Carrera 6, justo en la esquina de la Alcaldía Municipal. Allí se me iluminaron los ojos. Era testigo de las manifestaciones de uno de los apropiadores del espacio más importantes de la ciudad de Facatativá, – al menos para mí- , se trataba de las señales del loco, como todos le decían.

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Héctor Armando Melo, un artista marginado de la calle ( como yo lo llamaría) que señaliza y decora los espacios más emblemáticos del municipio. El representa el Estar en, de Pérgolis. Siempre se le va ver pidiendo monedas en las esquinas del parque principal de Facatativá, no para vicio, ni alcohol o cosa parecida.

Es para comprar sus pinturas y señalizar o decorar esta plaza,  allí donde en un tiempo la estatua de Simón Bolívar en el centro le daba un aire de plaza republicana, figura humana inerte que siempre miraba la imponente catedral sede de la Diócesis de Facatativá, alrededor las casas coloniales de la cultura, la parroquial, la textilera, el instituto y la notaria; otras edificaciones más modernas, la alcaldía, los bancos e innumerables negocios de comercio. La plaza como tal la adornaba un elegante CAI (Centro de atención inmediata) de la policía, un reloj, una fuente y un sinnúmero de macetas con jardines y arbustos. Una gran palmera de cera y un imponente Cúcharo casi centenario. En definitiva un verdadero parque republicano, en donde la gente se sentía a gusto y daba verdadero placer irse a comer un helado sentado en las bancas de madera, que estaba distribuidas por toda la plaza.

La brillante idea de un alcalde o su gabinete – me reservo el nombre – , hace ya más de 12 años, con el pretexto de modernizar los parques del municipio y convertir la plaza principal en un gran salón de ferias renovó, más bien, daño el parque principal. Que ahora es una simple plazoleta de eventos con algunos arbustos decorándole, solo sobrevivió el gran Cúcharo y las edificaciones antes nombradas. Las bancas de madera, fueron reemplazadas por moles de cemento frío y unas supuestas fuentes para que bebieran agua las palomas, pero ahora son verdaderos botes de basura.

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Este panorama siempre me inquieta, pero yo creo que mucho más a Don Armando, que apropia estos lugares sin sabor con sus frases de propaganda política, el adorno de los troncos de los pocos árboles y las señalizaciones que indican al ciudadano los lugares importantes cerca de la plaza e invitan tener cultura ciudadana. He aquí el arraigo y el imaginario olvidado de una persona que no está dentro de los parámetros de lo normal.

Apropia sitios emblemáticos como la panadería Pantequilla, sitio de tradición por más de 20 de años en donde los facatativeños, los foráneos, los socios, los amantes se reúnen a tomar onces, un tinto o un perico.

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O el complejo de la Cámara de Comercio de Facatativá, sede sabana Occidente, aquí los emprendedores de los municipios cercanos como Madrid, Mosquera y Funza, tienen que venir a hacer sus trámites comerciales. Sitio donde se dictan grandes Congresos, Seminarios y Convenciones; eventos de todo tipo. Con una sola señal, pintoresca y a la vista de todos, Don Armando, el loco de las señales persona que sin querer le da un sentido a la vida de nuestra ciudad.

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Y ahora aquí con mi libreta y el Smartphone en la mano – con el que tomaba las fotos – sentado en una de estas inmundas bancas de cementos sin espaldar miraba a Don Armando alejarse, sacudiendo su vaso de monedas, espantando el millar de palomas que al volar inundaban el cielo atardecido.

Aquí y allá personas en sus propios mundos, y yo, descubriendo que la ciudad tiene vida que no es ajena a nuestra existencia, somos su materia prima y cuando no estemos simplemente se desboronará y volverá al polvo que alimentará los miles de árboles que volverán a vivir aquí, sería el manto de la madre naturaleza que resurgiría.

Por ahora pienso que deberíamos apersonarnos de nuestros espacios, participar directa o indirectamente en la apropiación de estos, en su conservación y embellecimiento por medio el arte moderno o simplemente con el hecho de cuidar y tener cultura ciudadana, así como diría Jaime Garzón: “ser mínimamente cívico”.

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Christian E. Castiblanco, Derechos reservados 2017

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