Belleza sin contexto: Enamorado de una puta.

Y aquí con el peso de ocho décadas sentado frente a mi balcón, empiezo a recordar. Tan solo tenía como veinticinco años y ya me había enrolado en una relación seria, como todo al principio, era lujuria y pasion. Pasó el tiempo y esa llama se fue  apagando, pasamos de hacerlo en cualquier sitio de la casa y en innumerables posiciones al triste lecho matrimonial en medio de sus piernas, que apenas me recibían mecánicamente sin gracia. Aquello me preocupaba y empecé a buscar alternativas: masturbacion, pornografia y no halle nada moralmente correcto. Tan solo vi el riesgo de la depravación y la inmoralidad sexual que no lleva a nada bueno.

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Buscar compañia en otras mujeres significaba ser infiel, pero por la situacion parecia una alternativa viable, ¿frecuentar amigas? sabían de mi relación y aunque les simpatice no accederán a ser mis amantes. ¿Tan malo era querer tener una relacion asi?, los puritanos dirán que para eso tenía esposa, pero si no me satisfacía, si no llenaba ese espacio tan vital del ser humano que es la sexualidad, ¿que tendría que hacer?; las terapias no servian, ella en realidad le hacía daño tener relaciones y yo de egoista no la podía obligar a realizar las maromas de los primeros años de relación porque realmente le afectaba. Asi que empece a buscar concejo. A pesar de que no era de muchos amigos, halle en uno de la escuela la opción determinante: Visitar bares o casas de citas.

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Con el peso de las cuentas del hogar, el estrés de un trabajo aburridisimo y el desaire del tiempo que para mi pasaba sin gracia, empecé a frecuentar aquellos antros de mala muerte ( Como les llamaba antes). Con la esperanza de distraerme y buscar nuevas experiencias que le dieran sentido a mi penosa existencia. Y sin alargarme, omitiendo muchos detalles que tal vez les contaré en otra sección, la conocí a ella. Mujer de mediana estatura, pelo rojo – no se si era tintura, pero le quedaba hermoso -, ojos verdes, piel blanca y una sonrisa cautivadora; sus pechos medianos contrastaba con sus caderas de natural voluptuosidad, no era perfecta como las modelos de la televisión, pero su belleza era auténtica. – Esta cuesta bastante amigo -, me susurro una voz aguardientosa al lado mio. Apenas lo mire extrañado, como queriendole decir que me dejara nadar en mi extasis.

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Una idea loca rondaba por mi cabeza y quizás por ello muchas mujeres habrán de juzgarme, pero la quería contratar para que me prestara servicios  conyugales. Si correcto, era una decisión difícil, pero mi esposa cada vez perdía el apetito sexual y no por eso iba a acabar esta relación que más parecía una amistad, éramos casi hermanos, pero para cuestiones conyugales en relación con la cama, ya no quería molestarla y mi juventud en pleno aflore hormonal me pedía acción.

Como cuando adquieres un servicio, empezó el papeleo en la casa de citas, pacte una cuota mensual por su acompañamiento, cuando fuera pertinente. Al ser generosa la cuantía, no tenia ella derecho a acostarse con otros clientes, sólo le era permitido realizar sus shows matutinos en el bar, pero sin ningun contacto.

– Profesor, – como me decía la madame del bar – usted si sabe invertirle a la felicidad, era mi mejor chica y los mas ilustres venían solo por ella. Pero ahora con lo que usted paga, no hay necesidad de eso, me toca buscarme otra belleza exótica.

Se preguntaran cómo justificaba este gasto en los registros contables del hogar, esa cuantiosa suma mensual, se tipifica en ahorro y así quedó hasta que no hubo que pagar más. Sin alargarnos más, volvió las faenas de innumerables posiciones y piruetas sexuales, mi ser se renovó y el estrés pareció desaparecer. Mi esposa se extraña de eso, pero las situación en casa era mucho mejor. Dirán que porqué tanto, que tan solo con buscar una amiguita en el trabajo o de las que conocía que sabía que con dedicación y detalles, podría tener una relación a hurtadillas; bastaba. Por eso mismo sabía que corría el riesgo de involucrar sentimientos y además con el contrato me ahorraba tantas vueltas para una sola cosa: sexo.

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Mis encuentros con la bella pelirroja eran justificados como juntas de trabajo o viajes de negocio cuando yo decidía innovar los lugares de encuentro con ella. Asi que sucedió lo inevitable, algo más que deseo y lujuria empezó a aflorar en mis encuentros sexuales; varias veces después de la faena, nos quedamos horas hablando, era una chica muy leída e instruida, cualquier tema lo dominaba y para ser bella no era hueca.  Pero ella sabia su posición en este escenario, tan solo podía llegar a ser una buena amiga, pero nada más.

Mi esposa se extrañaba de que no le pedía que tuviera relaciones conmigo, en vez de eso la consentia y le contaba cuentos, hasta que se durmiera o acedia a ver una película hasta que conciliamos el sueño. Su salud mejoró y mi estrés disminuyò a lo más minimo, pero me preocupaba que mi corazón estaba partido en dos, con ella que era mi sustento y con la mujer del pelo de ocaso, que terminaba de llenar mi ser. Asi que sucedió, decidí contarle todo a mi esposa; cortar con esta situación sustentada en mentiras y acabar con aquel contrato que me estaba haciendo daño a la conciencia.

Antes de ello, tenía que indemnizar a la chica del bar, ya que acababa el contrato antes de tiempo, pues quería darle algo para que empezara a estudiar y  dejara ese trabajo tan penoso. Como el valor de la mensualidad se debitaba automáticamente de mi cuenta, porque así lo quiso la madame del bar. Fui a revisar cuanto quedaba en esa cuenta, para sorpresa mía había lo suficiente, como si no hubieran debitado completo el dinero del servicio de acompañamiento. Salí del cajero con dirección al bar y aun mi impresión fue mayor cuando vi reunidas en la barra del bar, a mi esposa, la madame y la chica de pelo rojo. Como si se tratara de una reunión de amigas, me invitaron a que me sentara con ellas, apenas me vieron como estatua en la entrada del bar.

Apenas si podía pestañear, la simpatía de mi esposa que me miraba con sus profundos ojos verdes me trataban de dar tranquilidad, la bella sonrisa de la chica del pelo rojo también me tranquilizaba y el guiño de la madame, me hicieron reventar en risa. estando allí el trío de damas me explicaron; desde un principio mi esposa lo sabía, ella en un inmenso amor y comprensión, pagaba la mitad de la mensualidad (con razón el escaso débito de mi cuenta), la chica de pelo rojo, en innumerables ocasiones se reunía con ella a contarle de lo que hablábamos, ya que lo hacía mucho de mi hogar y de los proyectos de adoptar. Además de que ella  ya estaba sintiendo un afecto mayor hacia mi y que quería corta con esto también. Y  la madame, se quería jubilar y dejarle el bar a cargo de la chica.

Tan solo exprese que si ninguna, mi esposa y mi amante no me quería volver a ver era comprensible y lo aceptaría, pero no fue así. Me propusieron que viviera con las dos y que formaramos la familia que yo siempre quise. Un final poco inusual, pero fue una realidad, la chica estudió Modas, tuvo un hijo mío y viajó a cumplir con sus sueños, venía a menudo a vernos a los cuatro, pues adoptamos una niña. Ya con los años, descubrí que todo tiene su época y que en el mundo estamos acompañados de semejantes que son en realidad nuestros complementos en distintos ámbitos. Mi esposa falleció primero como ella lo decía muchas veces, se fue dejándonos un valioso legado, pues era una mujer espectacular. Los niños crecieron y se hicieron adultos, llegaron los nietos con ellos el rememorar de sucesos pasados.

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Y ahora ya cansado y con la bella flor de ocaso tocando mi mano, esperamos el llamado del final de nuestros dias, y con ello termino este anécdota para Bellezas sin contexto, esperando que les halla gustado y  que hayan aprendido de que en la vida se tiene que vivir todo  lo que en ella hay, sin traspasar los límites de lo bueno. Ya que nuestro tiempo es limitado.

*Imágenes tomadas de la red por petición del autor.

Gracia por leer amigo.

Christopher, Barcelona 2018

5 comentarios en “Belleza sin contexto: Enamorado de una puta.

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