Redimidos II

Psicopatía de Amor

Esta vez quedo turbado después de su espeluznante faena, pues en aquella ocasión prefirió escoger a alguien de menor rango social, una empleada del servicio que salía al supermercado y que en efecto nunca volvió.

Caminaba desprevenida mirando la lista de los víveres que iría a comprar en el Autoservicio Potosí. Cerca, a la sombra de unos sauces llorones como engendrado de ella salió él, que de manera amable la abordó, aludiendo que estaba perdido y necesitaba tomar transporte hacia Sopo. Muy amablemente la chica lo guío con una elocuencia digna de la futura profesional que iría ser pues en las noches después del trajín doméstico iba a estudiar a un instituto cercano a la Universidad Distrital su licenciatura ya que amaba enseñar.

Nada más importo para que tras percatarse de la soledad del sitio la arrastrara tapándole la boca y con un somnífero la adormeció, para llevarla a un sitio previamente preparado, una caseta de oficiales de construcción abandonada en una obra carcomida por la maleza, uno de esos famosos elefantes blancos que quedaban en el olvido, dejando bolsillos burocráticos llenos.

Al terminar, tras verse entre su cuerpo desnudo y ensangrentado, miro el rostro inerte que sonreía. Casi de inmediato a su mente llegó un recuerdo punzante, la sonrisa de su nana, la única mujer que realmente fue su mamá, la única que quizás le dio una poca noción de amor en su vida. La que sin justa causa fue despedida por su madre que la miraba con desprecio, al contrario que su padre que aquella vez estuvo callado limitándose no mas a mirarla alejarse entre sollozos y como con la barriga crecida. Para no volverla ver jamás.

Tras deshacerse del cuerpo rellenándolo de piedras, hundiéndola en el río Teusaca, ya llegada la noche se puso a mirar el horizonte oscurecido y la belleza que se mostraba gratuitamente y con misericordia a pesar de todo lo que había hecho hasta ahora, esa magnífica escena no le era esquiva.

Viendo la estela de nubes iluminadas por la luna creciente, por primera vez en mucho tiempo la conciencia empezaba a tocar con susurros sutiles su perturbada mente que hasta ese momento solo pensaba en planear el siguiente asesinato, ahora cuestionaba el porque de sus actos y de la bondad del universo al mostrarle aquella maravilla en el firmamento a pesar de lo perverso de su obrar, con ello se empezó a sentir solo.

Anhelaba a su nana o más que eso… tal vez amor.

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