Vándalos

Y se escuchan los murmullos de los inconformes moldeando la sinfonía de su angustiosa queja.

Cantan por doquier pidiendo justicia a los aires.

A paso firme sin airarse proclaman su firme rebeldía al destino que les escogieron.

Sin permiso les escriben sus vidas y ahora solo piden que les dejen tener sus propias plumas.

Pero el cobarde gigante llama a los enanos descerebrados que aniquilan la pacificación…

Con sus caras mudas lanzan su ignorancia callando las voces que bailaban al compás de la protesta sin afrenta.

Sin piedad destrozan y roban enmascarados se llaman clamantes, dejando estelas interminables de ruinas insensatas.

Ríen y se mofan los usurpadores de la vida, viendo cómo se desborona el anhelo de sus cautivos.

Pueblo contra pueblo un teatro sin fin, llaman a despertar los que insisten

Soñando con un día sin cadenas, sin el afán demencial de la esclavitud impuesta a los que sostienen la pirámide utópica de los efímeros poderosos.

Ya la escena cambia con la cautela de los días, espera paciente cual capullo antes de la primavera.

Son otros tiempos plagados de querellas que serán resueltas de la mano de quienes las demandan, porque ya están cansados de los grilletes y su pensamiento acertó a encontrar sus llaves.

Y los vándalos caerán en su propio juego y ni las montañas de verdes detendrán el destino compartido de sus miseros contratantes…

Christian E. Castiblanco DR.

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