Mujeres Versos, el diario de Quinny

Quinny Martinez Hernández desde nuestra afrodescendiente Colombia nos susurra al oído dulcemente una poesía íntima y altiva. Seduce con su rebeldía y pícara irreverencia, brillan con luz propia esas letras de fuego que queman el alma en un placer infinito. Bella tentación que hace florecer los pecados en las tumbas lineales de los días. Canto de la mujer que regreso a su orígen y descubrió su luz antes marginada. Libertad recuperada en sus versos, orgullo de ser y volar desatada. “En cada arista un diablo distinto vestido de verdades absolutas”…una realidad impuesta, un anhelar desvalido que se niega a morir.

Bienvenid@s al diario de Quinny.

Sex

Rebelde,

Única,

Diferente.

Le dicen la May West de la rambla vieja; anfitriona de la calle de los perdidos, siempre con su música de seducción en la punta de la lengua.

Entre pecho y espalda años de guerra púbica, 

perseguida por los detractores de “la vida alegre,” 

encarcelada. 

Reincidente. 

Convicta adicta a los pecados de lo no cristiano, 

lleva tatuado en el pecho el rosario de su abuela.

Nada es lo que dicen de ella:

 Sus secretos los esconde debajo del corsé que recorta su figura, haciéndola “más apetecible.”

La humorada de su verbo engancha, enamora.

Imposible negarse al espectáculo de la May veterana.

Conocedora de todos los secretos inconfesables después de la cama…

Flor marchita, 

rosa roja. 

Caballo de paso fino.

Veneno exclusivo de lo furtivo,

 delicia pagana imperdonable.

Amarga.

Ácida. 

Dulce ensoñación de lo que se hace, pero no se dice…

Gata Roja

¿Qué en la noche todos los gatos son pardos?

¡No señor!

Hay gatos que no alcanzan el umbral del silencio,

el perfume les delata.

Taconeando por la vía Cornellá hacía el río, va la caprichosa dama de galopante caminar.

Lleva un perfume lleno de brillos, 

lo anuncia el viento al verla pasar.

No hay rincón de este vasto abismo que no se alegre con su mirada felina.

Siempre a las diez en punto, baja a su despacho ubicado en la otra esquina…

Fuma, silba, canta, y hasta recita a Neruda, para acompasar.

Gata Roja le han apodado por su incandescente esencia.

No hay soldado en esta guerra al que no desarme con su lasciva presencia.

Directa, 

concreta, 

pertinaz. 

Lleva siempre bajo la manga un as.

Si no la reconoces en lo oscuro, te encara con una caricia tierna,

 sus sentidos ponen tu corazón a trinar.

A pesar de la penumbra en esa calle, Gata Roja es iridiscente. 

Rompe en canal. 

Te alebresta y te atraviesa de extremo a extremo, 

hasta hacerte rechinar los dientes.

No importa cuán cerrada sea la noche.

Gata roja, es diferente. 

 Viene enérgica con su andar particular.

Pasa las noches sirviéndose a tacos, 

como ella misma reza: “Yo me vendo bien”

Siempre altiva e impoluta, 

como ejecutiva de campo marcando con precisión su ruta.

Ella asiste a la oficina, no se te ocurra llamarla puta…

Bautismo de fuego

Conecta con ellos vagando por entre sus prejuicios, 

rompiéndoles los huesos.

Los bautiza con vapor de agua bendita, 

sumergiendo sus lenguas en el rio de su bajo vientre.

Recorre sus cuerpos marcando sus tumbas, y ahí les entierra.

Desdobla su excitación,

 les convierte en polvo bíblico.

Malditos los hombres dice, 

malditos sus sexos.

¡Esto no es un atenuante, es su manera de ser!

Alimentan la necesidad de la bestia, jactándose de habérsela comido.

Narcisos desvalidos, ilusos…

¿Cuándo el pene de algún hombre se ha comido a alguien?

¡Aquí comemos las mujeres!

Con justificación:

 Porque queremos… o porque nos obliga la vida… 

Aquí no hay puntos medios, 

esta es la realidad que a diario nos castiga.

Somos el quinto mundo. 

Le hacemos la cobra a la pobreza con la sangre de nuestros embrujos. 

Perfumadas, 

oliendo a azafrán renacemos cada día, 

como el sol, para amamantar las vicisitudes ocultas entre finos pastos…

Nos dicen putas. 

Somos mujeres con una visión diferente, 

nos buscamos la vida; aquí de hambre, o de placer no se muere nadie…

Aunque duela y nos estén matando a pinchazos.

Por necesidad, o por hacernos más fuertes…

Estos cuerpos son nuestros, 

algunos lloran más que otros. 

No es fácil encajar en este mundo,

 pero ya nos resbala el oprobio.

Putas.

Vagabundas.

Bandidas, todo en una sola canción: 

El coño es mío, no me asusta ponerle un bonito son.

Si no me aportas no vengas, 

no interesan las letras de tu acorde moralista.

¡Yo soy puta, si señores! 

Genio y figura. 

Lienzo en blanco, 

verdugo de amantes furtivos… 

Artista.  

Ambición pagana

Se bate entre una orilla y la otra.

Ladrillo a ladrillo,

 con el azúcar que recorre su figura construye un refugio.

Ha ido vendiendo sus latidos de uno en uno.

Buscando bienestar y un techo seguro.

Sabe de necesidad,

de hambre, 

de frío y de sed.

No se deja alimentar con el caldo que no se ha de beber.

Ladrillos de amores no correspondidos,

 fijados uno encima de otro.

Cimientos indestructibles.

Amores malditos convertidos en oro puro.

La cerca que rodea sus tierras está hecha con las sonrisas que regala, 

jaula de Faradine, 

misterio,

 radiación que le resbala.

Campo protector de esa fragilidad oculta.

Ha sembrado en el centro un olivo, 

sinónimo de riqueza,

aceite para lustrar la piel de sus encantos.

Bálsamo para sus huesos doloridos.

Canción de libertad, 

música para sus oídos.

Quejido silente

Me levanto insomne.

Asomo la curiosidad por la ventana que da a la callejuela del fondo, y allí está ella…

Los lamentos de esta fría madrugada atraviesan las murallas de mi desdeño.

Es como si las estrellas lloraran, suplicándome que defienda el fuerte del hastío.

La mujer de nadie, 

presa de los ires y venires de su agónica existencia.

Sus pechos erizados son como puñales, los atrae y les devora con su lengua.

Allí está ella; dejándose manosear por el borracho de turno. 

Gimiendo de mentiras.

Esperando a cobrar lo que se le debe para salir corriendo a envenenarse en la otra esquina.

Así es esta cuadra:

En cada arista un diablo distinto vestido de verdades absolutas, 

tentando a la desgracia para que siga cayendo por el barranco de la mala sombra.

Prostituyendo el hambre de los desvalidos.

Viveza

Estos temblores no son propios de este cuerpo.

Me arde la cara cuando le veo.

La calentura persigue mis latidos hacia el destino de su sangre…

No he pecado, no tengo nada de qué arrepentirme.

Cupletera de un teatro en ruinas, sin aire fresco que respirar.

Mi vagina se empina desesperada por encima del muro de lo imposible y le persigue.

Estoy en estado de ebullición constante. 

Desperdigada como piedrecillas en el campo.

Me como a mordiscos…

Por instantes siento que todo se ahoga en este terraplén acuoso que tiene sometido a mi imaginario.

La puta que llevo dentro se desata, 

y en ausencia de eso que deseo, saldré a comprar lo que necesito.

Quinny Martinez Hernández, https://erosenguardia.wordpress.com #Umami #Vulvaginación 💜🖤❤️

Edición y recopilación: Christian E. Castiblanco.

15 comentarios en “Mujeres Versos, el diario de Quinny

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