Mujeres Versos, el diario de María Inés

María Inés Iacometti, desde La ciudad de las convenciones o Cuna de la Constitución Nacional: Santa Fe provincia de Argentina, “Una provincia bella, muy verde, rodeada de ríos y con cielos tan celestes que no podés dejar de contemplarlos” tal como la describe esta mujer polifacética que es cantante, poeta, escritora y compositora. Nos trae versos gauchos de amor propio y reconstrucción desde las heridas para engendrar una mejor versión de si misma. Canciones poéticas que destilan bondad y dan la mano al caído desde su posibilidad cómo mujerinvitan a disfrutar del paso inevitable del tiempo, olvidando el tic tac de sus agujas para hacer del ahora algo mágico que trascienda. Un camino de tropiezos e incertidumbre que es sinónimo de nuevas perspectivas de fraternidad y bondad entre una humanidad maltrecha que cada día tiene la oportunidad de sanarse con pequeñas cosas. Poesía que aconseja, enseña y deja un rastro de convicciones que le dan sentido a la vida e invitan a ser verdaderamente seres humanos desde esa sencillez que muchos olvidan practicar pero que en suma no nos hace vivir en vano…

Bienvenid@s al diario de María Inés

MI MEJOR VERSIÓN

Después del quiebre y del estruendo;
de la tormenta
que bamboleó emociones
corazones
sentidos.

Después del temblor en el piso
y en el alma;
de lo incierto del paso hacia la nada.

Después de las nubes.

Después de tanto después…

Yo.
Encontrándome, conociéndome,
construyendo mi propia paz.

Yo.
Aceptándome con defectos y victorias.

Amándome
perdonándome
puliéndome de a pedacitos
para lograr al fin,

mi mejor versión.

MUJER DE PAZ

Si quise animarte al vuelo
fue porque te vi vencido
y también estuve ahí.

Si intenté comprender tu desazón
fue simplemente
porque ya junté mis pedazos.

Si te alenté los sueños
fue porque sé lo que es vivir
el desierto de una noche.

Si a pesar de irme
no te abandoné
fue porque sé que podría romperte
y soy mujer de paz.

SIN TIEMPOS

En momentos como estos
en los que el tiempo
juega con nosotros a su antojo
y se aletarga o acelera
según decida.

Mientras las sombras parecen afianzarse
y la fe
proclamarse dueña de la constancia.

En el ahora viejo
ir y venir de los días
diseminados como restos
de los tantos,
que pretendieron no perecer…

Recolectemos estrellas
desde el cielo limpio.

Nuestros ojos acrediten
los estados del alma
y acometamos el día
con sus fueros
o la noche
con sus calmas.

Traspasemos los cerrojos
con el pensar más creativo.
Imaginemos, soñemos,
desvanezcámonos
y a veces, también, flotemos,
fluyamos,
enojémonos pero volvamos al cauce
enseguida
(cuando el consciente regrese)
y mirémonos las manos,
recorrámonos las formas,
soportémonos.

La vida nos pone esta prueba
para que la sepamos viva
y nos valoremos.

Dejemos de seguir al miedo.
¡Ocupémonos de cuidarnos!
Quitemos las agujas al reloj.

Es tiempo de amarte sin tiempo.

Es tiempo de amarnos.

PARA SEGUIR CAMINANDO

Quiero soñar mañanas
sin perder ni una migaja
del hoy.

Quiero que mis ojos
miren el futuro
pero me exijo no olvidar los tuyos
detrás de barbijos e incertidumbres.

Quiero pregonar la fe
con la convicción de lo aprendido
y declararme libre de amar,
universalmente.

Veo el espacio trazado
entre cada uno de todos
como una firme protección al aura
(a ella, que herida y maltratada,
ha pedido su auxilio
a la naturaleza).

De pronto,
somos millones de “yo”
pensando en millones de “tú”
y reaprendiendo el sentido
del mutuo cuidado
sin la invasión del espacio
que al otro, fue concedido.

Necesitamos los abrazos, sí,
pero jamás como hoy,
fuimos conscientes
de la comunión y confianza
que ellos implican.

Que no nos perdamos el hoy
por pensar qué será de nosotros,
mañana.

Es urgente que aprendamos
a sostener el ahora

para seguir caminando.

CONVICCIONES

Solo por creer
que no he nacido en vano,
consagro todo tiempo
dedicado a un libro.
Ofrezco tanto esmero
por algún milagro.
Imprimo sentimientos
en papel sin brillo.

Solo por creer
que no he nacido en vano.
Distraigo dos caricias
sobre un rostro niño.
Despojo mis entrañas
de soberbia absurda.
Apago la tristeza
congregando lirios.

Libero la hoja seca 
de un otoño frío.
Extiendo mis arraigos
a un futuro nuevo.
Someto la impaciencia.
Cubro el aire fresco…

Expulso los temores
desde mi conciencia.
Afronto las tormentas
desafiando rayos.
Quiero soles buenos,
-trascender en algo-.
Solo por creer
que no he nacido en vano.

María Inés Iacometti, Santa Fe, República Argentina.

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Edición y recopilación: Christian E. Castiblanco, Colombia

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