*El borreguito Pilín

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El hijo de Doña Oveja Pilín borreguito, salió ésta madrugada muy teso y muy animadito , con pantalón largo y capucha de moda, casco y escudo, con la mirada esperanzadora.

¿¡Muchacho volverás!?, le grita mamá, él solo le pide la bendición y redondito se va.

Encontró por el camino a un Chanchito vecino, el cual le dijo: Hola viejo venga usted conmigo, vamos a visitar a Don Zorrito que allá habrá rumba y de paso se come un tamalito.

Lo pensó un ratico el borreguito, pero no le caería mal llegar a la cita con la barrigita llena con un tamalito, a poco llegaron unos buitres los saludaron, eran los Cabales que andaban estudiando siempre entre el ganado.

Tocaron la puerta y Don Zorrito les abrió, – estaba montando sobre Jorgito mi caballo trotón, pero no importa sigan bien llegados son-

Hubo una reverencia se dieron la mano y al rato dice un viejo conejo tuerno, – denle al invitado un trago de ron cerrero – para que se anime y nos acompañe a este convite.

Se le olvidó al borregito Pilín que debía cumplir una cita con el ratoncito Petrín, que lo esperaba con los demás animales en la plaza de la Granja para denunciar a Don Zorrito por sus abusivas patrañas.

Envalentonado por el Ron cantó las arengas con un vozarrón, todos enmudecieron hasta la música calló. Un viejo elefante iracundo lo miró, también Don Zorrito y sus amigos Raticos, el conejo tuerto, los buitres Cabales y hasta el Chanchito glotón.

– Discúlpeme señores si la verdad les dolió, valiente el borregito les gritó, con la garganta seca no les podía decir que ahí viene los lobos y tenemos que huir.

Llegaron los Canes y al oído del Chanchito «Hello» le dijeron, otros decían Salut y holas en idioma extranjero hasta un hola con acento español en la cacería se oyó, el borregito saltaba para que no se lo cenarán.

El casco se estalló y el escudo quebrado quedó, comieron los lobos gringos, Don Zorrito se voló al lomo del Chanchito glotón, sin antes comerse al borregito y mamá Oveja solita quedó.

Mural Universidad Pedagógica, Bogotá, Colombia.

Christian E Castiblanco, Muerte al silencio

* Adaptación de la fábula El Renacuajo Paseador de Rafael Pombo

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