Teopoesía, George Reyes

Hoy inauguramos en Letrologias una maravillosa sección denominada Teopoesía, versos que expresan la inmensa belleza de la Creación y la divinidad de las cosas. De la mano del académico y poeta George Reyes extendemos la invitación a escritores, poetas, ensayistas y teólogos a nutrir éste espacio con sus letras, de acuerdo al maravilloso preámbulo que nos da a continuación Reyes.

Por: George Reyes
Poeta/ensayista-teólogo ecuatoriano-mexicano

Hablaré desde mi perspectiva de conocimiento y experiencia cristiana literaria. Desde hace algunos años, en determinados círculos latinoamericanos, unos más ecuménicos que otros, se ha venido hablando de teopoesía como un género literario que parte de la experiencia cristiana; es decir, de esa experiencia que es amar y seguir a Dios manifestado en tres Hipóstasis: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Como suele suceder en el campo del diálogo literario, me temo que nuestra concepción de este género pueda ser muy particular en comparación con los propulsores originales o sus transductores (intérpretes para otros).


La teopoesía es un término equívoco. Al escribir un texto poético desde una experiencia mística, el teólogo poeta no pierde su capacidad de teologizar con seriedad; esto es porque no intenta con su texto un tratado teológico dogmático académico, puesto que sus versos no instan a un conocimiento sustentable o expedito de Dios en sus tres Hipóstasis: Padre, Hijo y Espíritu Santo. (1)Se dirá: pero si la mayor parte de la sagrada teología bíblica está escrito poética y, por ende, equívocamente; pero respondo: para semejante riesgo está la fe y teología de la Iglesia. (2)En otras palabras, quien es un teólogo escritor —al estilo occidental— no subsume necesariamente su tarea en los mares de la poesía. En el teólogo, la teopoesía y la teología académica permanecen en una relación dialéctica equilibrada, sin subsumirse una a la otra; este es el equilibrio analógico en el cual viven juntos los contrarios.


Si la poesía en general es una mirada al mundo, no un discurso para ser comprendido —me refiero aquí a la poesía artística—, la teopoesía occidental es un vuelo lírico de plegaria, acto de elevado canto de adoración o un gemido infinito que sutilmente teologiza y filosofa, si por teología entendemos la relación con el Dios verdadero o un habla sobre Él; muchas veces este vuelo lírico carece de lenguaje religioso distintivo. Después de todo, de Dios, el infinito y de inaccesible gloria, solo se puede hablar diría con metáforas, es decir, poéticamente y con nostalgia de ese hogar esperado; por eso, la teopoesía es un pestañeo de lo infinito de Dios y del misterio. De ahí que considere que Dios, en sus tres Hipóstasis, no puede ser poesía creada; lo es, en todo caso, en el sentido de ser el Dios de toda gracia increada que, a pesar nuestro, se trasluce en belleza a los ojos y sentir de quien la experimenta a nivel personal, y la ve desplegada en su bondad con su creación. De esa cuenta, Él es la verdadera poesía universal con triple esplendor. La gran Gabriela Mistral tenía razón, entonces, cuando cantaba: “amarás la belleza, que es la sombra de Dios en el Universo”.


En un texto frecuentemente citado, M. Heidegger opina que escribir poesía no es primariamente una causa de alegría para el poeta, más bien, el escribir poesía es alegría; y yo agregaría: es alegría porque es la expresión y a la vez espera serena en la gracia increada del Dios Trino.

(1) Aquí tenemos que exceptuar a San Gregorio Nacianceno (Nacianzo, Capadocia, 329-389 d.C.), llamado “el Teólogo”, cuyos poemas teológicos fueron verdaderos tratados dogmáticos doctrinales y morales.

(2) Tan indispensable, mucho más hoy cuando las teorías literarias contemporáneas tienden a invadir la hermenéutica (ciencia y arte de la interpretación de textos), como aquella que reza: “no hay una única interpretación correcta”.

Del poemario El árbol del bien y del mal, 2021 exponemos el siguiente poema:

EL PERFUME DEL ROSAL

Por su rosa terciopelo,
cada rosa
inclinada
del rosal
vertía
en la fuente del ensueño
rocío
matinal,
que al rodar
gota a gota
el frío lo cuajó en lágrimas.

El rosal
amaneció
embriagado de amor
y de olor a huerto en flor.
¡Es que lo has pintado
con cada diestro pincelazo
del color de un vergel!

©George Reyes, EL ÁRBOL DEL BIEN y del mal (Ciudad de México: Ediciones AVPLatinoamericana, 2021)


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2 comentarios en “Teopoesía, George Reyes

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