Academia facatativeña, El Itif

Letrologias trae la remembranza de aquellos lugares emblemáticos de Facatativá en Colombia dónde se han formado cientos de generaciones, mujeres y hombres que encontraron en aquellos centros de enseñanza un «segundo hogar» o la antesala para «capar clase» . Miles de anécdotas que transcurrieron en aquellos muros y pasillos que al recordarlos nos traen infinidad de nostalgias que en parte nos edificaron como los adultos de hoy.

Hoy empezaremos con el Instituto Técnico Industrial de Facatativá » El Itif»

Cuenta la leyenda que allá por los años 40, mientras un descabellado caudillo alemán quería conquistar el mundo exterminando una parte, en un pueblito agrícola de la sábana de Bogotá llamado Facatativá, un señor ilustre y muy inteligente le dió por fundar una Escuela de Artes y Oficios que tuvo el aval oficial en 1943 con la colocación de la primera piedra en el lugar donde hoy se edifica la sede académica entre las Calles 8 A y 9. De ahí en adelante tomó varios nombres hasta que en 1974 se le otorgó la denominación actual.

Podemos encontrar datos más exactos sobre su historia, en la reseña que hay en su página oficial

http://itifistas.edu.co/itif/index.php/colegio/historia/

Sin más éste pequeño retazo de letras pretende exponer desde mi experiencia personal lo que fue el paso por aquel ateneo, que en mis tiempos allá por los años dos mil se ingresaba por medio de un exámen de admisión y como Rin rin renacuajo sumaba puntos ir con corbata, tieso y muy majo. El profe Roa con su venerable aspecto recibía a los aspirantes que en mi caso soñábamos vestir el saco verde y los pantalones negros para sentirnos grandes o almenos eso anhelaba cuando salía al recreo en la escuela Rafael Pombo que se separaba del colegio por una reja y desde allí miraba esa fauna estudiantil que me conquistó.

Parte de la prom 2007

Allí verdaderos maestros de la enseñanza marcaron nuestras vidas, el profe Dagoberto con sus magistrales clases de historia, que parecían secciones de radionovela que atrapaban inevitablemente a sus escuchas. El profe «manzanitas» que hacía tomarle cariño al monstruo de las matemáticas, la profe Fátima, que nos hizo ver el lado amable de la lectura. Muchos más que con su dedicación nos impactaron cultivando en muchos el amor hacia distintas áreas del conocimiento que más adelante irían a configurar la elección de nuestras futuras profesiones.

Patio de formación y cancha de basket de la sede Talleres

El paso a la sede Talleres era un ascenso a otro nivel, desde el noveno grado se iniciaba la última carrera y se definía en que especialidad nos iríamos a graduar, muchos guiados por sus gustos hacían la elección, otros para no alejarse de su «parche» o grupo de amigos que casi siempre venían desde primero de bachillerato, en común acuerdo se guiaban por alguna de ellas; mecánica automotriz, electricidad, mecánica industrial, dibujo técnico o ebanistería eran algunas de las opciones.

Sede Talleres

Aparte de la infinidad de conceptos aprendidos, que en su mayoría fueron inútiles para la vida práctica que nos esperaba. Las vivencias de aquella época nos dejaron profundas lecciones. El valor de la amistad y el compañerismo, así sea en la complicidad de hacer pilatunas, las tusas o tragas malucas que dejaron el valor de la autoestima y la independencia como persona, la fragilidad de nuestra democracia con la elección de un personero estudiantil que dió más cartas de Pokémon y Yugioh para ganar votos que propuestas serías. El inmenso valor de la cultura y el deporte como ejes edificadores de una sociedad, tomando como ejemplo la representación que ha tenido el colegio por medio de su banda marcial, cuna de grandes cultores musicales, el equipo de Basketball que en mi tiempo era invencible y la visibilidad de muchos de sus alumnos y exalumnos en varias áreas del conocimiento.

Sin más que decir, dejando guardado un libro inmenso de anécdotas que quedan en la memoria y que se recuerdan con alegre melancolía. Podemos rescatar algunos valores que quizás hoy por hoy se han debilitado por la acción directa o indirecta de la tecnología que en aquella época era casi nula, la monotonía y la competencia en un aparato social alimentado por el ganar-ganar sin cooperar, los cuales conforman la invitación a ser actores sociales para el cuidado y la preservación de nuestro patrimonio representado en estos colegios que aún persisten en el tiempo.

Aquí les dejo el link de su himno un verdadero poema a la educación, escrito y compuesto por el Profe Rozito como se le decía con cariño al licenciado Luis Eduardo Rozo León.

Edición y recopilación Christian E Castiblanco

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