Venusta paradoja

Y se eleva el gran ojo por encima de las tupidas damas vestidas de verde, se asoma por encima descubriendo la lejanía de rumores humanos, el ruido del día entona trinares y estruendos…Venusta paradoja del caos y la tranquilidad.

La nubes cargan las luces siderales como un remolino de brillantina y la señora de plata se alza desvaneciendo las sombras que al son de las luces inertes, duermen con el bullicio.

Ni que decir del viento que arrulla las nubes a su silencioso antojo, muestra horizontes despoblados rebozantes de verde y en su ocasional angustia los cubre con una tela lechosa que aguarda las masas entumecidas.

Tupidos vestidos de jade que al día relucen como infinitos copos de algodón tinturados de savia, oscurecidos parecen abismos sin fondo donde se pierden las luces que deja el sol tras anochecer.

Al abrigo aromáticos de los eucaliptos y las acacias le dictó versos al viento cargado de perfumes boscosos, danza el bullicio desvanecido en ahogos inentendibles y la pluma vuela dejando riachuelos de tinta sobre el inalterado trozo de celulosa.

Christopher Cástibar, derechos reservados 2022

8 comentarios en “Venusta paradoja

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