Mujeres versos, el diario de Claudia Mahecha

Desde la tierra de la sabrosura, Colombia, la bella docente Claudia Mahecha nos comparte sus tesoros poéticos vestidos de pasión, magia y embrujo carmesí. Leerla es contemplar la esencia que da vida a nuestros perecederos cuerpos y los convierte en fulgor… sentires que emergen tras la nebulosas de perfumes y miradas que visten las noches del encuentro con velos lascivos. Relieves que esconden el arte del amor libre, amor cómplice detrás del telón para que las sombras de afuera no interrumpan el fuego que se enciende. Desprovistos de las prendas comunes desata desde sus letras el impulso subversivo de ser y amar sin límites. Contradicciones e ironías surgidos de la imperfección, la eterna marea de la lección tras el error.

Bienvenid@s al diario de Claudia Mahecha

Escribir para no sucumbir…

Tu pupila ámbar pintó mis placeres ocultos.
En tu respirar se humedecen mis entrañas y encarnan las siluetas de lo etéreo.
Desdibujaste con los aromas de tu tacto, mis ansias de devorar los pasos que te consumían en mis labios.
Aprisionas los recuerdos para que permanezcan sellados ,en las pálidas paredes que cómplices se deleitan al compás de la armonía de nuestros cuerpos que vibran, claman, se cuestionan, se consumen en la fugacidad de la palabra.
Mi perfume invade con locura tu atmósfera y despierta los demonios, que sosegados se alojan en tu almohada y en todo lo desconocido que en ti habita.
A hurtadillas me resguardo en tu risa, en tu sensibilidad para saborear el arte y se torna en un deleite los pensamientos lascivos que erupcionan en el silencio del mundo, cuando te veo de frente.

Junto al escritor colombiano Mario Mendoza en la Filbo

Son tus miradas que cabalgan al abismo,
que atropellan con ímpetu mi conciencia
y escudriñan en las sombras los retazos de un pasado.
Es tu boca prisionera que a migajas se derrumba, en las colinas perversas de mi cuerpo taciturno.
Prorrumpes sin permiso, increpas mis misterios, palpitan tus huellas cálidas en el manantial de mi vientre.Percibo tu aroma de bosque cítrico, de selva, de libertad.
Y en ese instante abrigo tu fuerza, abrigo tus miedos, sin quererlo, sin pensarlo; la complicidad de esta noche abrió la puerta de la despedida.

Camino centímetro a centímetro por tu piel,
evoco la libertad que promulgo al humedecer mi vientre en tus labios que son prohibidos.
El paisaje de tu cuerpo lo recreo en mi memoria,
busco el éxtasis en la orilla donde se esconden tus gemidos.
Ajustas mi falda a la medida de tus deseos, sin que quede un rincón deshabitado.
Y me deleito en la profundidad de tus cavernas,
en el silencio de tus convicciones,
un inquebrantable principio y fin.
Saboreo la fuerza de tu mirada
y en el límite de los excesos,
comprendo que tus besos clandestinos
entre callejones oscuros;
agonizan intactos
como la tarde cómplice
le coquetea a la montaña,
procurando un refugio, para no sucumbir.

¡Desnúdate!
Así, entre la corteza de tus raíces y el silencio incólume y desvanecido del aire que nos arrebatan.
Desnúdate…
en el abismo, en los pasos agigantados, en la estrechez de pensamiento.
Desnúdate, en el tiempo, en la verdad, trasegar, de vuelta al reloj.
¡Desnúdate!
En la sombra colosal de tus miedos y el incendio que provoca la rebeldía de mis besos.

Y no es que el viento arrastre la tristeza,
es el olvido que desafiante se asoma a los postigos
y con gemidos sordos me recuerda que tu sombra peregrina,
habita en otras pupilas.
Y entonces interrogo al silencio
y ese miedo purpúreo se enseñorea
y agrieta, y perfora y devasta
lo poco que ese viento impetuoso en su siniestro paso,
me permitió tomar.
Y entre mis manos, y entre mis huellas, en mi piel; tu voz
que como un eco conmovido renace
y las murallas de conciencia se precipitan
Y aquí estamos frente a frente,
desnudos,
Tú, sin más que mis pupilas
Yo, nuevamente sin respuestas.

Le corresponde al tiempo detener lo fugaz, preservar los sonidos del agua que emanan del manantial de tu boca.
Resonar con ímpetu entre las nubes cargadas de rocío, imaginar recorriendo las exóticas curvas que delimitan el cruce de las montañas al desfallecer.
Y entretanto, cada golpe de lluvia penetra los abismos despejados en los ventanales húmedos, que recubren como un tapiz la profundidad de tu mirada, que desde la calidez de mi alma; hoy te despide.

Claudia Mahecha, Colombia

Escudriñando los libros en una improvisada biblioteca, desde pequeña curiosa por el aprendizaje y las letras que de ellos emanaban, haciendo eco en lo que más adelante se convertiría en mi pasión. Soy Claudia Patricia Mahecha Cañizales, nacida en el municipio cuyo nombre en lengua Muisca significa » Cercado fuerte al final de la llanura», Facatativá, en el departamento de Cundinamarca (Colombia).
Licenciada en Lengua Castellana y Comunicación, con formación en liderazgo de proyectos del componente de Lectura Crítica, maestra de corazón y una convencida que solo a través de la palabra se nutre el alma,el mundo y la razón.

Edición y recopilación: Christian E Castiblanco, Letrologias.

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