Chascos pa’ contar, Crónica de una gripe en época de Pandemia

Imagen tomada página Universidad de los Andes, Colombia.

Gripes nostálgicas, resfriados de antaño que se esfumaban con agua de panela y limón. Pero darte gripa en época de Pandemia es algo serio.

Era una madrugada de junio, tan fría como el corazón de los líderes mundiales que califican al Coronavirus como una ” gripita” o se muestran relajados ante las inclemencias del virus. En este escenario de preocupante cotidianidad me despertó una tos seca, intensa como si te taladraran el pecho y un Alien quisiera salir de tus adentros. Todo llego como una cascada de malestar general.

Y un susurro preocupante en mi mente empezó a advertir tímidamente – HP! Covid 19? -. Sin ponerle tanta tiza al asunto me arreglé para ir a trabajar, haciendo lo de siempre pero con una pesadez enfermiza. Hasta que lo impredecible ocurrió un escalofrío impertinente me congelo en el tiempo, dejándome como brizna temblorosa debajo de dos cobijas cuatro Tigres y una ruana abullonada, sin antes haber avisado al trabajo para que la voz gutural de más allá del teléfono me ordenara sutilmente ir al médico, por – prevención -.

Por fin iría a utilizar los servicios de salud que mes a mes pagaba sin previo aviso. En el claustro de blanco las miradas indiferentes y de rareza me inspeccionaban, la espera en el lugar de aislamiento parecía eterna y los valientes vestidos de azul pálido me abordaron como cumpliendo una proeza a examinarme.

Aunque tratado con cordialidad me sentía enajenado, como un extraterrestre llevado al área 51. Después de ires y venires, de entre trámites burocráticos, llegó sin previo aviso y sin anestesia la sentencia – Queda usted hospitalizado, en observación -.

Mi mente solo se preguntaba cosas nimias, una sola muda puesta?, me darán incapacidad para presentar en el trabajo?, La comida es desabrida!!, habrá almenos televisión?. Llevado del centro de salud a la Clínica, en una camilla encapsulado como en una crisálida de plástico – así la llamé – , metaforice mi penosa situación: saldré de esta envoltura renovado cual oruga transformada, siendo consciente de los defectos que hacían cojear mi destino. La luz al final del túnel se veía difusa por el inerte plástico, todo pasó en escenas punzantes que en esta clínica soledad me hacían anhelar las cosas pequeñas y las personas importantes… – pa’ que aprenda – decía mi abuela.

Para no alargar el relato, si ya te cansé con mi verborrea, concluyo con un diagnóstico alentador ( negativo para Covid 19) y un susto con moraleja:

Este virus, sea lo que sea no es un juego. Es una situación que hay que tomar en serio. Cuidarnos y cuidar a los demás es lo importante. Darnos al fin cuenta de que todos dependemos de todos…

Christian E. Castiblanco, Chascos pa’ contar 2020

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